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Últimamente se menciona con frecuencia —y más aún en los ámbitos “intelectuales”— que disentir en cualquier aspecto con el oficialismo es hacerle el juego a la derecha. No importa qué acción gubernamental sea puesta bajo la lupa: defecarse en el quórum del Congreso, organizar escraches populares y nacionales de diversa índole, favorecer una minería que sería usurera y poco “Nature Friendly”, aliarse con los “Don Corleone bonaerenses”, basar la famosa redistribución de la riqueza en la jocosa repartija con amigos, socios y punteros. Ya no interesa qué peculiaridad usted observe con sospecha, de todas formas “apesta a Gorila”, tal como dilucidamos en nuestra primera publicación (ver post “Gorilaje: comunión de ideologías”).
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No menos cierto es que la amplísima variedad de opositores dejan muchas expectativas deficientemente cubiertas respecto de lo deseable. Entre ellos encontramos a la señora apocalíptica “de sugerente lastre lipídico”, el cuasifascista “de sugerentes bigotes sodomitas”, el hombre transa y neoliberal (Neoliberal; adj.: véase vende patria menemista) “de sugerente cabellera colorada y nacionalidad exógena”, el señor vinculado al Narcotic Business “de sugerente y exorbitante tamaño de cabeza” y la fraccionada izquierda “de ninguna sugerencia”. Ninguno de ellos parece ofrecer soluciones concretas y equitativas para esta sociedad donde el “paco” y la marginalidad calan incesante e intensamente y dejan surcos difíciles de sanear en el corto y mediano plazo.
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Los medios de comunicación, por su parte, han optado por polarizarse de manera claramente extrema. Así es que tenemos un sinfín de profesionales de la comunicación en una fastidiosa coyuntura. Obligados a llevar el pan de cada día a sus hogares, deben optar de forma imperativa por alguna de las dos trincheras disponibles —a modo de botes salvavidas en medio de una catástrofe “titániK”— a título de “Los Gorilas Golpistas” por aquí, “Los Cobistas de
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Por todos estos motivos, nos resultó interesante interpretar la reacción de la oposición, tanto política como mediática, como algo semejante a hacerle el juego al Kirchnerismo. Solamente con una oposición vacía en conceptos y propuestas (al menos levemente altruistas) en pos de la insaciable búsqueda del poder “per sé” y con una campaña mediática que se opone de una manera cuasilúdica en esta suerte de “guerrita K” (con una visión totalmente parcial y pesimista), y solamente así, se podría lograr una tercera candidatura K en primera posición, aún a la luz de las encuestas menos confiables y de origen antagónico al gobierno “nacional y popular”.
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“Kirchner, perdonadlos porque no saben lo que hacen”, se escuchó decir momentos antes de que “FUTURO REPUBLICANO” fuese crucificado.
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